El problema se entremezcla con el tránsito ilegal de migrantes que cruzan la región en busca del su...
PORTO ALEGRE, Brasil – Artur tiene problemas para dormir.
Artur está agitado .Comienza a temblar y tiene convulsiones, que se tornan tan incontrolables que requieren sedantes.
Artur no entiende por qué tiene que pasar por esa agonía.
Artur tiene menos de un mes y su cuerpo está ansioso de consumir crack.
Artur se encuentra entre los miles de bebés nacidos de mujeres adictas al crack en Brasil cada año.
No existen estadísticas oficiales de adictas embarazadas en el país, pero el Instituto Brasilero de Geografía y Estadísticas (IBGE) estima que el país alberga más de 1.2 millones de adictos al crack.
Sin contar con cifras oficiales, las alarmantes escenas que se viven en los hospitales están comenzando a llamar la atención de las autoridades ante una nueva crisis de salud pública, ya que lo que antes era una excepción ahora es la regla.
En el Hospital Presidente Vargas, una institución de salud pública de Porto Alegre, capital del estado de Rio Grande do Sul, cerca de 150 niños nacidos de madres adictas reciben cuidados en el marco del programa del Hospital Materno Infantil.
En el Grupo Hospital Conceição (GHC), otra institución de salud pública de la ciudad, todos los días nace al menos un niño de madre adicta al crack.
“Ahora no puedo hablar porque debo atender otro parto…de una madre que consume crack”, declaró el Dr. Paulo Sérgio da Silva Mário, director de la Unidad Neonatal del GHC, cuando se disponía a brindar una entrevista exclusiva a Infosurhoy.com
Se ha convertido en algo muy común para Mário atender partos de madres que llegan al hospital muy agitadas y a menudo drogadas, ya que muchas consumen crack, una de las drogas más adictivas, en su camino al hospital.
Y algunas veces, las madres consumen crack mientras están en labores de parto en la calle.
Los recién nacidos sufren los efectos de la droga inmediatamente.
“El crack puede persistir en la leche materna hasta setenta horas después de haber sido consumido por la madre”, declaró da Silva Mário. “Por eso debemos suspender el contacto entre ambos por setenta y dos horas, lo que perjudica tanto al niño como a la madre, ya que retarda la producción de leche y dificulta la capacidad del infante de succionar”.
Los infantes pueden mostrar signos de irritabilidad, sudoraciones, hipertonía (aumento de la tensión muscular, lo que entumece el cuerpo del bebé) y dificultades en el establecimiento de un patrón regular de sueño.
La comunidad médica plantea que Brasil necesita adoptar programas diseñados especialmente para tratar a las madres que consumen drogas y los recién nacidos ya que requieren cuidados especiales al nacer, declaró Paulo de Argollo Mendes, presidente de la Unión Médica de Rio Grande do Sul (SIMERS).
Los médicos no pueden predecir las posibles consecuencias del uso de droga durante la infancia o la adolescencia. Tampoco pueden decir si la adicción temprana aumentará las chances de que ellos se conviertan en drogadictos más adelante.
Tras la abstinencia el abandono
El tratamiento de niños adictos al crack a menudo va acompañado de otra complicación: el abandono.
En muchos casos, las madres adictas al crack deciden darlos en adopción, dijo Maria do Carmo Fay, trabajadora social del Núcleo de Albergues Residenciales (NAR), que forma parte de la Fundación de Protección Especial (FPE) administrado por el gobierno de Rio Grande do Sul.
Todos los niños enviados a los albergues de NAR en el norte de Porto Alegre son nacidos de madres que usan crack.
NAR ha albergado a 12 recién nacidos, inluído Artur, bajo esas condiciones en el mes pasado, dijo do Carmo Fay.
Estos casos requirieron esfuerzos del equipo completo de enfermeras, psicólogos, médicos, trabajadores sociales y supervisores.
"Hicimos un curso con un psiquiatra para aprender cómo ayudar a estos niños", dijo do Carmo Fay.
El primer mes es el más arduo, tanto para los recién nacidos como para quienes le brindan atención medica. Una vez pasado ese período, los niños superan los síntomas de abstinencia y comienzan su desarrollo normal.
“Para evitar esos escenarios, lo más importante es tratar a la madre", dijo de Argollo Mendes.
Quienes consumen crack necesitan como mínimo treinta días de rehabilitación para superar la adicción, un paso fundamental en un proceso permanente de recuperación.
“Un plazo menor no sirve, porque no es posible superar la dependencia física”, añadió Mendes.
Pero no hay suficientes camas de hospital para la incesante demanda de lo que de Argollo Mendes denomina una “pandemia de crack”.
“Estamos hablando de una irrupción más grave que lo que se vivió el año pasado con la gripe A, pero no estamos en condiciones de habilitar más camas para tratar a estos pacientes”, dijo de Argollo Mendes, refiriéndose a la falta de aptitud de las instalaciones psiquiátricas para brindar tratamiento.
SIMERS dijo que la estructura de asistencia psiquiatrica fue desmantelada después de 1993.
Pero la medida estaba destinada en última instancia solamente a los servicios de salud pública o a las instituciones privadas que brindaban atención a través del sistema de salud pública de Brasil (SUS). SIMERS dice que tratar al niño implica tratar a la madre.
Pero ¿dónde?
El Ministerio de Salud informó que la reforma psiquiátrica pretendía reemplazar el modelo de asilo mental, que estaba basado en la atención médica hospitalaria. El nuevo modelo, en cambio, ofrece atención individual a los que padecen trastornos mentales y problemas de adicción.
Pero la substitución es gradual, de acuerdo al Ministerio de Salud.
Desde 2002 hasta junio de 2010, la cantidad de Centros de Atención Psicosocial de Brasil (CAPS) aumentaron de 424 a 1.541.
Los numeros no cuentan toda la historia
SIMERS dice que los centros CAPS no pretenden reemplazar la necesidad de internaciones hospitalarias dado que las instituciones trabajan solamente de día y no cuentan con los médicos necesarios para hacer frente al flujo de pacientes.
El país también carece de un número adecuado de instalaciones especializadas en tratar la adicción de alcojol y drogas, las cuales son cruciales para combartir el uso de crack, informó el SIMERS. El gobierno no ha sido capaz de destinar hospitales con recursos suficientes para atender al incesante número de pacientes, de acuerdo a los datos del Ministerio de Salud.
SIMERS informó que el proceso de reducir la cantidad de camas psiquiátricas en las clínicas, que ahora ascienden a 35.426 en comparación con los 52.962 en 2001, puede ser atribuido al cierre de instituciones que no cumplían con las normativas estatales por los servicios deficientes que ofrecían.
Esta oposición “inflexible” contra los hospitales psiquiátricos no solamente atenta contra la vida de las personas, incluidas las de las madres adictas y sus hijos, sino también revela un prejuicio subyacente, dice de Argollo Mendes.
“Usted puede contar con un hospital de cardiología. El record de Brasil en esta área es de nivel mundial”, dijo. “Pero no puede tener un hospital para tratar las enfermedades mentales. ¿Por qué?”
Inversión en prevención alcanza US$235 milliones
La principal estrategia del Ministerio de Salud para combatir las adicciones al crack es la prevención.
La cantidad de exámenes prenatales en el marco del SUS aumentó un 125% entre 2003 y 2009.
Resulta esencial hacer más accesibles los cuidados prenatales para informar a las embarazadas acerca de los daños que les causan a sus futuros hijos al consumir drogas.
Las mujeres que necesitan ayuda, especialmente aquellas adictas a las drogas o el alcohol, son derivadas a los centros CAPS para recibir tratamiento.
El plan de tratamiento del Ministerio de Salud para los drogadictos incluyen a profesionales de la salud, pero también a autoridades judiciales, de los derechos humanos y del bienestar social. Además el ministerio financia la construcción de 70 casas de tránsito para albergar a las madres en riesgo o aquellas personas con trastornos mentales.
Los centros de servicio social además ofrecen distinto tipo de asistencia específica a las familias de los adictos.
El Ministerio de Salud ha destinado R$14,3 millones (US$8 millones) a crear refugios para drogadictos, la mayoría niños y adolescentes, y ya se han implementado catorce proyectos de clínicas móviles, a cargo de equipos multidisciplinarios que visitan las denominadas “zonas del crack” para ofrecer ayuda donde los consumidores se reúnen para drogarse.
El Ministerio de Salud además espera duplicar el número de camas de hospital a disposición de los pacientes adictos hacia fines de año.
El gobierno federal estima una inversión de R$410 millones (US$235 millones) para financiar el Plan Integrado para Combatir el Crack y otras drogas, y esperan actuar en diferentes frentes para prevenir, combatir y tratar esta pandemia.
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