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La ONG Jóvenes Contra la Violencia, en la foto en una manifestación contra la violencia en Ciudad de Guatemala, utiliza los deportes, el baile de calle y la música para construir la autoestima entre los jóvenes problemáticos en un esfuerzo por impedir que se unan a las pandillas. (Cortesía de Jóvenes Contra la Violencia)
CIUDAD DE GUATEMALA – “Soy un ex pandillero”.
Agustín Coroy, de 28 años, no se avergüenza en confesarlo.
“Yo acostumbraba robar, drogarme y nada me importaba”, dijo Coroy, quien fue miembro de la pandilla Barrio 18 desde los 8 años.
El tiempo que pasó con la pandilla, Coroy se encontraba en una senda de autodestrucción.
“Éramos únicamente mi pandilla y yo”, afirmó.
Ser miembro de la pandilla Barrio 18, una organización delictiva, destruyó la relación con su familia.
“Mi familia no cree en mí”, dijo con lágrimas en los ojos. “Cuando estaba en la pandilla, humillaba a mis hermanos y mi madre, los escupía y en una ocasión traté de matarlos. Por eso es difícil conseguir su perdón”.
Coroy tiene muchos remordimientos, entre ellos el de lastimar a su familia, pero su mayor remordimiento es haber reclutado a muchos jóvenes para la despiadada pandilla Barrio 18, rama de la infame Mara 18.
“Mucho de ellos todavía están allí o están muertos”, añadió.
Coro, padre de una niño de tres años y una niña de 1 año, todavía vive con los tatuajes en su pecho y su pierna izquierda, eternos recordatorios de un pasado consumido por la violencia y el crimen.
“Una de las reglas [de la pandilla] para poder dejarme en paz después de que me alejé de ella es que nunca puedo quitarme los tatuajes”, dijo. “La otra regla es la de nunca cometer otros crímenes porque no quieren que yo cometa robos o asesinatos sin ellos”.
Después de estar en prisión 10 veces y de casi ser asesinado en una riña callejera, Coroy se dio cuenta de que necesitaba un cambio.
Buscó ayuda en un grupo juvenil de iglesia, que le ayudó a abandonar la pandilla en 2004.
“Fue difícil para mí”, afirmó. “Pero por otra parte estaba la esperanza. Dios nunca te abandona, porque hay gente que te apoya”.
Su experiencia al abandonar la pandilla lo llevó a trabajar con la ONG guatemalteca Jóvenes Contra la Violencia, que se propone alejar a los jóvenes de la vida criminal.
Jóvenes Contra la Violencia utiliza los deportes, el baile de calle y la música para construir autoestima entre los jóvenes problemáticos en un esfuerzo por impedir que se unan a las bandas en este país centroamericano de 14 millones de habitantes.
“Yo trato de sensibilizarlos sobre lo importante que es el futuro”, afirmó Coroy. “La vida es un proyecto en el que uno se puede construir a sí mismo”.
Entre enero y mayo de este año, 118 sospechosos con edades comprendidas entre 13 y 25 años han sido arrestados en relación con asesinatos o heridas a víctimas con armas blancas o armas de fuego. En el mismo período, 103 sospechosos con edades entre 26 y 35 años han sido arrestados por cargos semejantes, según la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH).
Iván Yerovi, representante adjunto del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Guatemala, dijo que es imperativo que los niños reciban una fuerte educación para que no sientan la necesidad de a unirse a las pandillas.
“El problema es que no tienenn opciones en la vida”, declaró al diario guatemalteco Prensa Libre. “Sólo el 35% de la población juvenil terminó su educación en 2009. ¿Qué pasa con el 65% que no terminó la escuela?, ¿dónde están? Seguramente están en el sector informal, metidos en el crimen organizado, como pandilleros y deambulando sin rumbo”.
Otras organizaciones hacen énfasis en el arte y la cultura como recursos para alejar a los jóvenes del crimen.
Caja Lúdica, una ONG, ofrece talleres para ayudar a los jóvenes a usar su creatividad para mantenerse alejados del crimen y contribuir con el desarrollo cultural de sus comunidades, dijo Samuel Ochoa, portavoz de la ONG.
“Nosotros utilizamos el arte y la cultura para enseñarles que hay cosas mejores fuera del mundo del crimen y las drogas”, afirmó. “Muchos de los jóvenes que tenemos aquí estaban en pandillas y vinieron a nosotros atraídos por los títeres, la música o nuestro taller de zancos. Eran pandilleros o drogadictos. Pero ahora han dejado esa vida y se han vuelto artistas, músicos y bailarines”.
Más de 1.500 jóvenes de siete departamentos de Guatemala y Belice participan en los programas ofrecidos por Caja Lúdica, agregó Ochoa.
“El conocerse a sí mismos les permite cambiar el modo en que interactúan con su entorno”, finalizó.
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