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SÃO PAULO, Brasil – La crisis financiera global, los desastres naturales y el fortalecimiento de la economía brasileña son los principales factores que han motivado a unos 100 mil trabajadores brasileños que vivían en Japón a regresar a su país de origen.
Estos trabajadores, que descienden de inmigrantes japoneses que llegaron a Brasil a principios del siglo XX, comenzaron a irse de Brasil a Japón en la década de 1980 para buscar mejores condiciones de trabajo.
Para julio de 2008, habían 310 mil dekassegui brasileños en Japón, según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. La palabra japonesa dekassegui se refiere a aquellas personas que dejaron su país de origen para trabajar en forma temporal en otra nación.
Luego de tres décadas de altos niveles de inmigración, esta cifra disminuyó a 215.134 para septiembre de 2011, según fuentes del Consulado General de Brasil en Tokio.
La crisis financiera global se cita como la principal razón para el regreso de personas de procedencia japonés-brasileña a su país de origen.
"La crisis dejó a muchos trabajadores desempleados, y otros ya no pudieron trabajar horas extras", dice Jorge Takano, presidente de Kenren, organización que representa a 47 asociaciones provinciales japonesas en Brasil. "Desde un punto de vista financiero, quedarse en Japón no vale la pena".
En 2009, luego de tres años en la ciudad japonesa de Kakegawa, Cristina Toshi Onita, de 33 años, regresó con su esposo y sus tres hijos el municipio de São Bernardo do Campo, en São Paulo.
"Cuando cobramos nuestro primer sueldo en Japón, pensamos que era mucho dinero", dice. "Pero eso era una ilusión, debido a que el costo de vida allí es muy elevado".
En Kakegawa, Onita trabajaba 13 horas al día en una fábrica de motores para unidades de aire acondicionado.
Cuando el país fue golpeado por la crisis financiera global, se redujeron las horas extras, y para los Onita vivir en Japón se transformó en un problema.

El Programa Kaeru fue lanzado en 2008 para ayudar a los niños de dekassegu, que volvieron de Japón a integrarse a las escuelas de Brasil. La palabra japonesa dekassegui se refiere a aquellas personas que dejaron su país de origen para trabajar de forma temporal en otra nación. (Cortesía Kyoko Nakagawa/Proyecto Kaeru)
"Si trabajamos solamente para llegar a fin de mes, definitivamente prefiero Brasil", afirma Onita, que planea regresar a Japón solamente como turista. "Vivir cerca de la familia hace que todo sea más fácil".
El terremoto y tsunami que golpearon a Japón en 2011 y el crecimiento de la economía brasileña para transformarse en la sexta más importante del mundo también influyeron en la decisión de estos inmigrantes de regresar a su país de origen.
La situación económica en Brasil es "relativamente mejor" que en Japón, según dijo Teichum Hiramatsu, presidente de la Asociación de Dekassegui Brasileños (ABD).
Con sede en Curitiba, Paraná, la ABD trabaja para reintegrar a los dekassegui al mercado laboral brasileño.
La ABD se encarga de unos 80 casos al mes que se le presentan por teléfono, correo electrónico y en la sede de la organización.
"Al principio de la década de 1990, un dekassegui era un individuo que podía volver con ahorros y el sueño de iniciar su propia empresa", cuenta Hiramatusu, quien también señala que se ha producido un cambio en el perfil del dekassegui, debido a los bajos salarios y el alto costo de vida en Japón. "Los que han vuelto recientemente no tienen dinero para fundar sus propias empresas. Lo que buscan es trabajo".
Junji Abe, presidente del Grupo Parlamentario Brasil-Japón en el Congreso Nacional, dice que frecuentemente la comunidad japonesa en Brasil no tiene necesidad de comunicarse con él.
"La situación de los dekassegui en Brasil puede considerarse buena", dice. "No hemos recibido información de que se estén enfrentando a problemas importantes".
En enero de 2011, el Ministerio de Trabajo abrió en São Paulo el Centro de Información y Apoyo para trabajadores que Regresan del Extranjero (NIATRE) para ayudar a que la reinserción de los dekassegui a Brasil sea lo menos traumática posible.
NIATRE ayuda a los brasileños que regresan de otras partes del mundo a obtener documentos, resolver problemas legales, abrir empresas y reinsertarse en el mercado laboral.
Entre los problemas más comunes que se presentan a NIATRE están las dificultades de los niños para aprender portugués y adaptarse al régimen escolar en Brasil, la necesidad de asesoramiento profesional para jóvenes mayores de 18 años y las dificultades que enfrentan los adultos para reinsertarse en el mercado laboral brasileño luego de años de vivir en el exterior.
El desafío de volver a adaptarse
Regresar siempre es más difícil cuando se hace por necesidad, dice Hiramatsu, de ABD.
En muchos casos, los hijos de los dekassegui han nacido en Japón y se enfrentan a problemas cuando deben regresar a Brasil.
Lanzado 2008, el Proyecto Kaeru ayuda a los hijos de los dekassegui a integrarse a la vida escolar en Brasil.
Después de clases, los estudiantes asisten a cursos de idiomas y comportamiento en 16 escuelas en la ciudad de São Paulo o en la sede del Instituto de Solidaridad Educativa y Cultural (ISEC).
El Proyecto Kaeru ha logrado atender más de 4.500 casos en los pasados dos años.
"Al igual que con todos los inmigrantes, siempre existe la impresión de que lo que tenías antes era mejor que lo que tienes ahora, que al otro lado del océano las cosas son más hermosas", dice Kyoko Nakagawa, coordinador del Proyecto Kaeru. "Esa frustración hace que muchos regresen a Japón".
Carlos Kakuhama, de 46 años, podría transformarse en una de esas personas.
Recién casado y con una hipoteca, en 2006 aceptó la invitación de su tío de mudarse de Blumenau, ciudad del estado de Santa Catarina, a Nagoya, Japón.
Con la intención de quedarse por un máximo de tres años, Kakuhama trabajaba 85 horas por semana en una fábrica de repuestos automotrices, a la cual iba en bicicleta para ahorrar dinero.
En 2007, tuvo que volver a Brasil por motivos familiares.
Sin embargo, todavía no ha logrado establecerse laboralmente.
"Desafortunadamente, en Brasil, si tienes más de 35 años, se considera que eres viejo. En la fábrica en la que trabajaba en Japón, había hombres viejos que tenían casi 100 años", dice Kakuhama, socio en un microemprendimiento que dicta cursos de comportamiento y conducta, pero que aún no ha logrado obtener muchos clientes. "Espero que la situación de mi empresa mejore para la segunda mitad de este año porque realmente quiero quedarme en Brasil".
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