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LIMA, Perú –Marco Zarina Canchanya nunca olvidará la fecha en que se convirtió en héroe: el 9 de octubre de 2008.
El soldado estaba de patrulla junto con su unidad en el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE), una de las regiones más violentas y de mayor narcotráfico en el país, cuando casi pierde la vida.
“Íbamos en dos vehículos del Ejército unos 27 soldados", relató Zarina Canchanya. "De pronto explotaron dos minas en el camino y todos volamos".
La explosión lo arrojó al suelo, y luego todo se complicó.
"Una mujer salió de la nada y me arrojó una granada que vi llegar en cámara lenta", detalló.
La granada explotó, amputándole su pierna izquierda y parte de su pierna derecha. Zarina Canchanya no se podía mover, y aún así permaneció callado porque temía que si comenzaba a gritar pidiendo ayuda, los terroristas de Sendero Luminoso lo terminarían de liquidar.
“Quedé pegado a un tronco y había perdido mi arma", dijo. "Cuando vi que empezaron a rematar a mis compañeros caídos cerré los ojos y pensé que era el final. Pero solo me rozó una bala en el rostro, que me hizo una herida superficial”.
El ataque terminó recién cuando los soldados reprimieron con una intensa balacera, pero su pesadilla recién comenzaba.
Zarina Canchanya pasó las siguientes catorce horas luchando por su vida en la selva antes de que fuera encontrado por la unidad peruana de búsqueda y rescate.
Pero su carrera militar no terminó ese día fatídico. El joven, entonces de 21 años, quedó confinado a una silla de ruedas tras recibir piernas ortopédicas. No obstante, se sumó a las filas de los veteranos discapacitados del ejército peruano, que comprende a 2.189 oficiales heridos en acción en los últimos años.
Los sacrificios padecidos por los soldados peruanos en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico no pasaron inadvertidos, ya que ellos reciben ayuda a través del programa "Adopta un héroe" puesto en marcha en febrero pasado por la Universidad de San Ignacio de Loyola (USIL) en Lima, con el apoyo de empresas privadas.
“El objetivo central del programa es que nuestros héroes reciban el apoyo necesario para emprender un negocio u obtener un puesto de trabajo y que, de esta manera, sientan que la sociedad a la cual defendieron es noble y agradecida con ellos”, dijo el presidente de la USIL, Raúl Diez Canseco, exvicepresidente de Perú durante el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2004).
El programa, coordinado por la Sección de Apoyo al Discapacitado del Ejército del Perú, consiste en brindar apoyo o asistencia a estos soldados discapacitados para sus necesidades de salud, educación y bienestar personal.
“El objetivo principal es sensibilizar a las empresas privadas para que, mediante su apoyo, puedan generarse condiciones dignas y favorables para que estos soldados recuperen su salud, aseguren el estudio de sus hijos y garanticen el sostén económico de sus familias”, dijo el teniente coronel Leopoldo Vargas Bernuy, jefe de la mencionada sección del ejército peruano.
Entre las empresas participantes se encuentran:
“Adopta un héroe” espera beneficiar inicialmente a 252 militares discapacitados que forman parte del programa. Hasta el momento las empresas han adoptado a 50 héroes, a quienes brindan ayuda financiera.
No se divulgaron los montos de las donaciones realizadas por las empresas en conformidad con las leyes de privacidad.
“La respuesta ha sido buena, tanto de grandes empresas como de civiles, como el caso de una estudiante que se comprometió a entregar de por vida 20 soles mensuales (US$7.60), o un taxista que ofreció llevar gratis a un soldado a sus terapias de rehabilitación cuantas veces sea necesario”, dijo Vargas Bernuy.
El presidente de la USIL añadió que se espera ampliar el programa a otras fuerzas como la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea del Perú.
“No buscamos que los empresarios mantengan de por vida a los soldados discapacitados", dijo Diez Canseco. "Les pedimos que contribuyan a mejorar su calidad de vida".
Cuidar a los heridos de guerra
El ejército ofrece a los veteranos discapacitados asistencia médica durante su recuperación, y luego le otorga una pensión mensual de $1.000 soles (US$380), cualquiera sea la gravedad de las lesiones.
Pero hasta la creación del programa “Adopta un héroe”, los veteranos heridos de guerra casi no recibían ayuda para encontrar un empleo que complemente sus pensiones.
Zarina Canchanya, sin embargo, no tuvo problemas para conseguir un trabajo con la ayuda del programa, tras haber completado un curso de capacitación técnica ofrecido por el ejército a los veteranos. El programa le permitió ser contratado por el Departamento de Seguridad Pública de Santiago de Surco, un municipio del área metropolitana de Lima, donde ahora trabaja en el departamento de cómputo de datos, obteniendo un importe equivalente a su pensión.
“Estamos logrando recuperar la autoestima de estos valerosos soldados que entregaron parte de sus vidas por la defensa de la patria y la paz", explicó el teniente Vargas Bernuy. "Nos da satisfacción saber que, al igual que Marco (Zarina Canchanya), hay chicos que gracias al programa y a la capacitación técnica han conseguido trabajo...Esperamos seguir por este camino”.
Responsabilidad social empresarial
La USIL otorgó ayuda económica por cinco años, así como una beca de estudios completa al hijo de Jaime Bellido García, efectivo del Ejército que quedó cuadripléjico hace 20 años tras recibir un impacto de bala en la médula espinal.
La universidad también adoptó a José Millones Velásquez, oficial de policía lesionado durante el Operativo Libertad , una acción militar contra una célula de Sendero Luminoso liderada por Martín Quispe Palomino, que secuestró a 36 mineros en abril.
Millones Velásquez recibió una beca completa para estudiar derecho en la USIL.
“Hay que estar orgullosos de ellos, pero también agradecidos", dijo Diez Canesco. "Esta campaña es un aporte cívico en esa tarea por retribuirles lo que hicieron por nuestro país".
Mientras tanto, Zarina Canchanya, que ahora tiene 25 años, es un miembro productivo de la sociedad, y no guarda resentimiento alguno al saber que nunca podrá volver a caminar.
“Si podría volver a la actividad como soldado del ejército lo haría sin ninguna duda", concluyó el joven. "Estoy orgulloso de lo que hice y feliz porque Dios me dio una nueva oportunidad de vivir".
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