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LIMA, Perú – Los números preocupan a las autoridades peruanas.
En 2009, un 3,2% de los universitarios peruanos consumía drogas. El 2011, el porcentaje subió a un 5,6%, según el Segundo Estudio Epidemiológico Andino sobre Consumo de Drogas en la Población Universitaria, de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), presentado el 7 de febrero en Lima,.
Un 29,2% de los usuarios presenta signos de abuso o dependencia. La droga lícita de mayor consumo entre los universitarios peruanos es el alcohol, con 71,9% de los 5.993 estudiantes de entre 18 y 24 años entrevistados en Perú.
La marihuana es la sustancia ilícita más consumida, con 4,2%; seguida de los inhalables, con 0,7%; estimulantes tipo anfetaminas y alucinógenos, con 0,5%; cocaína, con 0,5%; hachís, con 0,3% y pasta básica de cocaína, con 0,14%.
“Hay que reconocer que las cifras siguen indicando un consumo problemático en el ámbito universitario peruano”, dice César Perea Chumbe, director de Asuntos Técnicos de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (DEVIDA). “Hacer prevención es más barato que hacer tratamiento. Por esta y otras razones los esfuerzos se deben centrar en prevenir el inicio del consumo”.
Con ese objetivo, DEVIDA creó en noviembre de 2012 el Programa de Prevención del Consumo de Drogas para el ámbito Universitario.
“Partimos de la premisa de que a la universidad llegan chicos que ya empezaron a consumir alcohol y tabaco en el colegio”, dice Perea Chumbe. “Esta situación se agrava en el ámbito universitario, donde los controles son menos estrictos”.
Por otra parte, un 15,6% de los jóvenes entre 13 y 17 años cometió delitos bajo efectos del alcohol y drogas, según un informe de 2010 del Sistema Subregional de Información sobre Drogas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la Organización de Estados Americanos (CICAD-OEA).
La mayoría de los delitos fueron robos (35%), así como agresiones físicas (28,5%), delitos sexuales (17,2%), homicidios (8,6%), tráfico ilícito de drogas (7,1%), tráfico ilegal de armas (1,9%) y pandillaje (1,7%).
“La principal razón de estas adicciones es la presión y exigencia que soportan los alumnos durante sus estudios”, dijo Milton Rojas, especialista de la ONG Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO). “El mal manejo de sus emociones, la falta de habilidades sociales e incluso pertenecer a hogares disfuncionales son otras de las principales razones de las adicciones”.
La estrategia del Programa de Prevención del Consumo de Drogas para el ámbito Universitario de DEVIDA consiste en sensibilizar a los estudiantes sobre los efectos negativos del consumo de estas sustancias.
“Lamentablemente, los estudiantes no son conscientes y no saben lo nocivo que puede ser consumir marihuana u otra droga. Nuestra intención es cambiar esa percepción”, dijo Perea Chumbe.
Según Perea Chumbe, la manera más efectiva para detener el abuso de drogas es asegurar que los estudiantes no experimenten drogas.
“Fundamentalmente, nuestro objetivo es evitar que los alumnos se inicien en el consumo de drogas y que los que ya se iniciaron dejen esa conducta para evitar que se convierta en una actitud peligrosa. También buscamos que las universidades hagan investigación sobre el tema y de esta manera propiciar el desarrollo de actividades preventivas”, agregó Perea Chumbe.
DEVIDA trabaja con el apoyo de instituciones como la Universidad César Vallejo, la que realizó el “Primer Conversatorio Sobre Consumo de Drogas”, en su campus de Lima el pasado 28 de noviembre.
“Conocí a varios [estudiantes] que empezaron por curiosidad, consumiendo”, dijo Evar Taipe Román, un estudiante de Administración de 24 años de la Universidad César Vallejo que junto a 120 jóvenes participó del conversatorio. “Luego se convirtió en un vicio para ellos y terminaron produciendo o vendiendo [cocaína], incluso varios están en la cárcel. Es un mundo al que entran y ya no salen”.
Taipe vivió su niñez y adolescencia en su natal Apurímac, un departamento enclavado en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), la región de mayor producción cocalera del país y de remanentes del grupo terrorista Sendero Luminoso.
“Nunca había escuchado de especialistas ninguna información sobre las drogas, a pesar de que provengo de una zona donde los chicos son captados desde adolescentes para la producción y venta de coca. Me impresionó saber qué tan peligrosas son las drogas para el organismo y para el país”, dijo.
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