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RIO DE JANEIRO, Brasil – La sirena del Batallón de Choque de la Policía Militar de Rio de Janeiro comenzó a sonar a las 2:49 de la madrugada del 3 de marzo, en un llamado para convocar a los 200 oficiales que participarían de la Operación Caju.
Infosurhoy.com siguió cada paso de la operación, que comenzó con la ocupación de 13 comunidades del Complexo do Caju y la favela vecina de Barreira do Vasco en la zona portuaria de la ciudad.
La ocupación marca el comienzo de la instalación de la 31a Unidad de la Policía Pacificadora (UPP) en Rio de Janeiro. El reingreso de las fuerzas gubernamentales en la región constituye además el primer paso hacia la ocupación del vecino Complexo da Maré, una zona controlada por pandillas de narcotraficantes rivales.
De pie frente a las tropas del Batallón de Choque, el comandante de la unidad, teniente coronel Fábio Almeida de Souza, de 43 años, imparte las instrucciones finales.
“No creo que encontremos ninguna resistencia”, indicó. “Estamos relajados, pero también estamos preparados”.
Su actitud calmada proviene de la experiencia. Souza ha participado en la instalación de las 30 UPP de Rio de Janeiro, primero como subcomandante del Batallón de Operaciones Especiales (BOPE) y, desde octubre de 2011, como jefe del Batallón de Choque.
En total, participan 1.300 oficiales del Centro de Operaciones Especiales (COE), entre ellos el Batallón de Choque, el BOPE, la Unidad de Acción Canina (BAC) y el Grupo de Aire y Mar (GAM).
Cuentan además con el apoyo de 200 soldados del Cuerpo de Infantería de Marina, así como también de oficiales de la Policía Federal de Carreteras y efectivos de la Policía Civil.
El secretario de Seguridad Pública de Rio de Janeiro, José Mariano Beltrame, llegó al Batallón de Choque aproximadamente a las 3:30 de la madrugada. Beltrame lleva a cabo el ritual de dar un discurso final de los oficiales de las distintas unidades que participaron del operativo.
Cuando finaliza la revista de las unidades, Beltrame se dirige al Centro de Comando y Control en el cuartel general de la Policía Militar, en el centro de Rio de Janeiro.
Desde allí, monitorea las acciones de las fuerzas de seguridad.
El Centro de Comando y Control cuenta con un moderno sistema de equipamiento que incluye cámaras para la transmisión de imágenes en vivo de la región y un mapa que muestra la ubicación de cada vehículo utilizado en la operación.
Tras el traslado de Beltrame a otra unidad, Souza le envía el siguiente mensaje: “¡Buena suerte! Esperemos que todo marche bien y que logremos nuestros objetivos”.
Los oficiales responden con su grito de batalla: “¡Choque!”
Los vehículos, automóviles blindados y motocicletas dejan las instalaciones del Batallón de Choque y se dirigen hacia la favela. A medida que pasan por la casilla de guardia, los hombres repiten el grito de batalla.
El equipo de Infosurhoy.com acompaña al vehículo conducido por el soldado Thiago Moreira Mateus, de 25 años. Junto con su compañero de equipo, el cabo primero Rafael Moreno, de 29 años, transportan el equipo necesario para instalar un enlace en tiempo real de los eventos que ocurren en la comunidad, que serán transmitidos al Centro de Comando y Control.
Moreno explica que el equipo fue utilizado por primera vez en octubre de 2012 en la operación de pacificación del Complexo de Manguinhos y Jacarezinho.
“El enlace elimina la necesidad de cambiar de ubicación”, precisó Moreno. “Además facilita la visualización de objetos específicos y ayuda a monitorear la operación”.
Los helicópteros sobrevuelan la zona, mientras 17 vehículos blindados de la Armada, máquinas excavadoras y vehículos blindados del BOPE, conocidos como “caveirões” (calaveras grandes) patrullan las calles.
Es difícil imaginar cualquier tipo de reacción criminal ante una fuerza de tal dimensión.
“No obstante, a uno se le pone la piel de gallina”, comentó Mateus. “Pero finalmente se acostumbra”.
El territorio se dividió en secciones y cada una de ellas es responsabilidad de una fuerza de seguridad específica. A las 5 de la mañana, los vehículos del Batallón de Choque ingresan a la favela.
Dos grandes bloques de concreto fueron colocados en la entrada por delincuentes. Los vehículos se corren de modo tal que la máquina excavadora pueda limpiar el camino.
Una vez removido el obstáculo, la caravana espera hasta que una de las ambulancias pueda moverse hacia una posición mejor.
Desde allí, las tropas avanzan sin incidentes.
En cuestión de minutos, el vehículo llega al tribunal de Conjunto Esperança, lugar elegido para la instalación del enlace en tiempo real y se izan las banderas de Brasil y del estado de Rio de Janeiro.
La operación dura solo 25 minutos. Sin disparar un solo tiro, otra de las zonas que antiguamente había sido controlada por los delincuentes – en este caso, vendedores de droga y ladrones de autos – es dominada por las fuerzas de seguridad.
La ocupación sin resistencia de ésta y otras favelas de Rio de Janeiro se debe a la exhaustiva tarea de inteligencia en torno a las acciones que preceden el operativo principal, explica el coronel Alberto Pinheiro Neto, jefe de operaciones de la Policía Militar.
“Las fuerzas de seguridad han estado actuando en la región desde el 14 de febrero”, relató Neto, de 48 años. “Estaban monitoreando la existencia de grupos criminales, realizando arrestos y reuniones con los habitantes del lugar, junto con otras iniciativas para evitar cualquier intento de reacción por parte de los delincuentes”.
En algo más de un par de semanas, las fuerzas arrestaron a 284 adultos y 36 menores de edad. Hallaron asimismo 112 armas, entre ellas ametralladoras y 24 granadas, 86 kg de cocaína y 263 kg de marihuana, 673 motocicletas robadas y 11 vehículos robados, que eran utilizados para cometer delitos.
Desde mediados de febrero, las fuerzas de seguridad también vienen llevando a cabo la Operación Cerco, que monitorea 20 comunidades identificadas como vías de escape o destinos potenciales para drogas y armas desde el territorio bajo control.
“Esto es el resultado de la planificación, la integración entre las fuerzas de seguridad y la experiencia acumulada de acciones previas”, comentó el coronel Frederico Caldas, de 48 años, quien ejerce de coordinador de Comunicación Social de la Policía Militar.
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