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RIO DE JANEIRO, Brasil – Una pequeña aldea en los bosques del estado de Minas Gerais esconde una de las joyas de la naturaleza brasileña: el Parque Estatal Ibitipoca.
Con 1.488 hectáreas (3.677 acres), el parque cubre los municipios de Lima Duarte y Santa Rita de Ibitipoca. Pero son los habitantes del pueblo de Conceição de Ibitipoca los que actúan como protectores del parque, creado en 1973.
A la reserva natural no se puede acceder sin pasar por la aldea, situada a tres kilómetros (1,8 millas) de la entrada del parque. Los 2.000 aldeanos sirven como guardianes no oficiales del parque, ya que así como ellos reprenden a los turistas que tiran basura, también proporcionan indicaciones para desplazarse por los pintorescos circuitos.
¡Y vaya paseo!
El parque ofrece tres circuitos, todos muy bien señalizados, por lo cual se hacen innecesarios los servicios de un guía.
El circuito más hermoso es también el más largo. Y ciertamente no es para los que no estén en forma.
El Circuito Janela do Céu (Ventana del Cielo) se extiende por más de 16 kilómetros (10 millas), en su mayor parte, cuesta arriba. La cima de este circuito es también el punto más alto del parque, el Pico da Lombada, que alcanza una altura de 1.748 metros (5.735 pies) sobre el nivel del mar.
Si los visitantes no se han quedado sin aliento al momento de llegar, el aliento se los quitará la espectacular vista desde la cima. Es un momento oportuno para que los excursionistas se tomen un descanso, beban agua y disfruten de las espectaculares vistas.
Es esencial llevar bebidas en las mochilas, ya que no hay cafeterías en el camino y existen muy pocos arroyos a lo largo del camino, excepto ya casi al final.
La oportunidad real de refrescarse viene cuando el circuito se acerca a su fin, cuando se tiene ante los ojos la cascada Janela do Céu, que le da nombre al circuito. Además de su belleza, sus aguas rojizas atraen la mirada.
“El suelo del parque es muy poroso”, explica João Carlos de Oliveira, gerente del parque. “Cuando llueve, el material orgánico comienza a descomponerse y se filtra hacia el agua subterránea, que alimenta los ríos del parque. Es de allí de donde le viene la coloración. Pero el agua es limpia, sin ninguna contaminación.”
A lo largo del Circuito das Águas, que incluye una serie de cascadas en un sendero de cinco kilómetros (3,1 millas), destacan las aguas de distintos matices.
En el camino también se encuentran cuevas y playas de río.
Debido a su menor longitud, es más conveniente caminar por el Circuito das Águas al siguiente día de recorrer la Janela do Céu. Con algo de suerte, el visitante estará acompañado por pájaros, como los tucanes y los guacamayos, que pueblan la densa y verde vegetación que no se aprecia en el recorrido de los otros circuitos del parque.
El tercer circuito, llamado el Pico do Pião, incluye el segundo pico más alto del parque, con 1.722 metros (5.649 pies) sobre el nivel del mar. Existen hermosas cuevas y paisajes a lo largo de sus 10 kilómetros de recorrido, aunque no hay ninguna cascada.
Este recorrido es muy exigente físicamente y en él existen algunas pocas paradas en las que se ofrecen refrigerios.
Existen cuevas por todo el Parque Ibitipoca y esto explica el nombre de la aldea y del parque. Los especialistas en la lengua tupí sostienen que la palabra “Ibitipoca” significa “casa de piedra”, donde podrían haber vivido los indígenas brasileños antes de que llegaran los colonizadores al país.
El Parque Ibitipoca abre todos los días, de 8:00 a.m. a 5:00 p.m. Sin embargo, es buena idea llegar temprano, ya que el número de visitantes está limitado a 300 personas diarias durante la semana y a 800 personas diarias los fines de semana y feriados.
El precio de los boletos de entrada también varía según el día: R$ 5 (US$ 3,19) por persona durante la semana y R$ 15 (US$ 9,57) los fines de semana y feriados. También hay una tarifa por estacionamiento de R$ 15 (US$ 9,75), cualquiera sea el día.
Quienes están interesados en ver brillar las estrellas sobre los árboles dentro de esta reserva natural pueden acampar por R$ 30 (US$ 19,14) por persona diariamente.
Pero aquellos que prefieran un poco más de comodidad pueden encontrar una variedad de opciones de alojamiento en Conceição de Ibitipoca, muchas de las cuales ha sido concebidas para personas que buscan escapar del estrés de vivir en las grandes ciudades.
Sabrina Heluey, de 32 años y oriunda del estado de Minas Gerais, es un ejemplo perfecto.
Cansada de la rutina urbana –nació en Juiz de Fora (estado de Minas Gerais) y vivió en Rio de Janeiro durante cuatro años– ella abrió su posada en 2007.
“Yo necesitaba tranquilidad”, dijo. “Yo hago de todo aquí en la posada, tengo sólo un empleado, pero no cambiaría esto por nada en el mundo.”
Todo en Conceição de Ibitipoca tiene que ver con el relajamiento. Las calles están empedradas y sólo hay unos pocos bares y restaurantes. Los noctámbulos pasan la noche tocando guitarra en las aceras.
En años recientes, el gobierno de Lima Duarte, el municipio al que pertenece la aldea, ha estado tratando de introducir eventos anuales –desde carreras de motos hasta festivales de jazz– con la finalidad de atraer más turistas.
Este esfuerzo ha dado resultados.
El Parque Estatal Ibitipoca se ha convertido en una visita obligada para los que pasan por la aldea.
En 2010, el parque recibió 52.000 turistas y se espera que hasta 60.000 personas lo visiten este año.
Sin embargo, estos crecientes números no han alterado su atmósfera apacible.
La gente que va a Conceição da Ibitipoca queda sorprendida por su tranquilidad.
¿Y los que buscan acción?
Ésos tienen que ir a otro lado.
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