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2010-10-07

Paraguay se esfuerza por proteger la fauna autóctona

Por Marta Escurra para Infosurhoy.com – 07/10/2010

El Refugio Faunístico de Atinguy ofrece paseos didácticos para ayudar a preservar la diversidad animal del país.

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Luis Salazar está encargado de cuidar a los pavos de monte en el Refugio Faunístico de Atinguy. (Marta Escurra para Infosurhoy.com)

Luis Salazar está encargado de cuidar a los pavos de monte en el Refugio Faunístico de Atinguy. (Marta Escurra para Infosurhoy.com)

ASUNCIÓN, Paraguay – Cuando tenía 19 años, Luis Salazar no tenía idea de lo que era un pavo de monte o de cómo medicar a un cachorro de puma.

“Yo tenía muchas ganas de trabajar, pero los únicos animales con los que había convivido hasta entonces eran las pocas gallinas y los perros que habían en casa”, dice Salazar, cuidador y encargado del Refugio Faunístico de Atinguy y quien se ha convertido en el conocedor del pelambre y el comportamiento de más de 250 especies de animales, algunas de ellas, en peligro de extinción.

Ubicado a 18 kilómetros de la ciudad de Ayolas, en el departamento de Misiones, a unos 320 kilómetros (198 millas) al sur de Asunción, el refugio fue creado y es administrado por la Entidad Binacional Yacyretá, una empresa formada por Argentina y Paraguay en el año 1982.

En esa época, se iniciaron los trabajos de rescate de animales afectados por el llenado del embalse de la represa de Yacyretá.

El objetivo era “y sigue siendo la preservación y el desarrollo de estrategias y programas de reproducción en cautiverio, en especial de los animales en peligro de extinción”, explica Salazar mientras guía a un grupo 20 visitantes provenientes de Asunción por los senderos del refugio, que abarca unas 100 hectáreas de terreno.

Al pasar al lado de una cruz y un nicho, Salazar se persigna en un gesto de respeto hacia un compañero que falleció en ese mismo lugar.

“Se le cayó un rayo en la cabeza, que en paz descanse”, dice, y sigue la marcha hacia la jaula de los mytú o pavos de monte.

Salazar y su pasión por los animales

Enseguida después de que Salazar silba y hace ademanes con las manos, se ve a un grupo de mytús de aproximadamente tres años de edad que corren a recibirlo y responden con bulliciosos graznidos.

“A estos (mytús) tenemos que cuidarlos mucho”, señala Salazar, de 44 años. “Hemos logrado con éxito la reproducción en cautiverio porque es una especie en peligro de extinción”.

Natalia Barni, la guía turística que lidera el grupo de visitantes dijo que es llamativo el vínculo que existe entre Salazar y las aves.

“[Los mytú] ya lo reconocen, parece como si fueran sus hijos”, agrega.

Sin embargo, no todos los animales que viven en el refugio son dóciles e inofensivos y ello implica que, como cuidador, Salazar tenga que tomar ciertas precauciones a la hora de interactuar con, por ejemplo, los pumas y los yaguaretés.

“Una vez el puma me dio un raspón aquí”, dice Salazar mientras les mostraba su brazo izquierdo a los turistas. “No lo hizo por malo, sólo se estaba defendiendo. Estaba enfermo, tenía algo en los huesos o los músculos y con el veterinario tratábamos de inyectarle el medicamento. Fue en ese momento en que me dio el raspón. Pero yo me gané a estos animales, con mucho cariño y mucha paciencia”.

Salazar trabaja junto con otros diez cuidadores que se turnan para alimentar e higienizar a los demás animales. Actualmente, el más travieso de los huéspedes es un yaguareté de tres años.

“Cada vez que vamos a regar su hábitat o cargarle agua en sus reservorios, él estira la manguera y se queda el día entero jugueteando con ella hasta que se cansa, ahí entramos con sumo cuidado y recuperamos nuestro elemento de trabajo”, dice Salazar.

Además de las especies citadas, en el Refugio, cuya entrada es gratuita, se pueden ver tapires, ciervos del pantano, carpinchos, papagayos azules y rojos, lechuzas, búhos, zorros y avestruces.

Los técnicos y cuidadores trabajan con diversas ONG e instituciones de investigación biológica con el objetivo de optimizar las condiciones del lugar y asegurar el bienestar de las especies que se encuentran en peligro de extinción.

Aunque hace 25 años que es encargado del Refugio, Salazar sostiene que todavía le falta mucho por conocer y que su principal objetivo es que los visitantes aprendan algo después de haber realizado el paseo.

“Es muy difícil que [todos los visitantes] tomen conciencia, pero los niños son los que más impresionados salen de acá”, expresa. “De 30 que vengan al Refugio por vez, con que uno de ellos aplique lo que aprendió, la importancia de preservar las especies y respetar la naturaleza, yo me doy por satisfecho”.

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