¿Quiere que el español sea el idioma predeterminado para este sitio?
2011-07-06

Casa do Zezinho construye puentes para un futuro más próspero

Por Thiago Borges para Infosurhoy.com—06/07/2011

La ONG fundada por la Tía Dag en las afueras de São Paulo atiende diariamente a 1.500 niños, adolescentes y jóvenes adultos.

TAMAÑO DEL TEXTO
Los alumnos deben esar matriculados en la escuela pública para poder asistir a la Casa do Zezinho. Las clases se dividen por edades, de 6 a 21 años. (Cortesía de Casa do Zezinho)

Los alumnos deben esar matriculados en la escuela pública para poder asistir a la Casa do Zezinho. Las clases se dividen por edades, de 6 a 21 años. (Cortesía de Casa do Zezinho)

SÃO PAULO, Brasil – Como la mayoría de los jóvenes que viven en los suburbios de las grandes ciudades, Claudio Luna parecía tener solamente dos opciones de vida: ser jugador de fútbol o delincuente.

Pero en 2008 descubrió un sendero que lo conduciría a un futuro más próspero: la ONG Casa do Zezinho.

Fue allí donde aprendió las nociones básicas para manejar una empresa y relacionarse con sus colegas.

Luna, que ahora tiene 18 años, estudia administración de empresas en la Universidad Paulista e inglés en Fisk Language School. A comienzos de este año, comenzó una pasantía en el departamento de proyectos sociales del banco francés Société Générale.

Este joven es sólo uno de los más de 500 mil habitantes del vecindario de Capão Redondo, en el sur de São Paulo. La región tiene al menos 85 mil habitantes que viven en situación de alta vulnerabilidad social, lo que significa que la tasa de violencia es mayor que el promedio de toda la ciudad, según el Sistema Estatal de Análisis de Datos (SEADE). La población de esta región también tiene acceso restringido a escuelas públicas, clínicas de salud, salas de cine, lugares de esparcimiento, y también padece un estado sanitario deficiente.

La Casa do Zezinho, que ya ha ofrecido alternativas para un futuro más próspero a más de 10 mil niños, adolescentes y jóvenes adultos, fue creada en 1994 por Dagmar Garroux, conocida en toda la zona como la Tía Dag.

La Tía Dag, una docente de 56 años, se especializa en el trabajo en las villas miseria y enseña a hijos de exiliados políticos. En la década de 1980 se dedicaba a ocultar adolescentes que eran buscados por los escuadrones de la muerte.

“São Paulo tiene ríos (Tietê y Pinheiros) que separan el centro de los suburbios y los puentes se transformaron en el Muro de Berlín", añadió.

El objetivo de la ONG es ayudar a los “zezinhos” –como se conoce a los alumnos de la Tía Dag– a cruzar el puente. En su trayecto hacia las oportunidades que los esperan del otro lado, ellos adquieren autonomía para pensar, actuar y alejarse del delito.

“Cada obstáculo que podamos poner en el camino del narcotráfico es importante", dijo la Tía Dag.

Enfoque educativo no convencional

La estrategia de la Casa do Zezinho es cualquier cosa, menos convencional.

Pero es eficiente.

Años atrás, la pedagoga persuadió a una jovencita a que abandonara la vida de prostituta al preguntarle por qué se conformaba con ganar unos míseros R$ 10 (US$ 6,30) por sus servicios. La Tía Dag, que no quería preguzgar a la niña, dijo que lo ideal "sería ir a la capital federal, Brasília, y cobrar R$ 3.000 (US$ 1.900) por el mismo servicio."

Pero le explicó que para ello debía estudiar, lo que pudo hacer en la Casa do Zezinho.

La joven ha crecido y ahora trabaja como dentista.

El éxito de la Casa do Zezinho se atribuye precisamente a su método pedagógico: los profesores escuchan lo que los alumnos tienen para decir y actúan como consejeros.

Michael Douglas dos Santos, de 16 años, un zezinho desde 2009, dijo que los maestros de la Casa do Zezinho le inspiraron confianza.

“Yo era tímido, casi no hablaba", dijo.

"En la escuela, estoy obligada a asistir, pero no quiero. Y aquí no tengo obligación, pero quiero hacerlo", relató Caroline Pereira, de 15 años, que está en la ONG desde hace cinco años y tiene planes de estudiar diseño en la facultad cuando termine la escuela secundaria.

La Tía Dag fue invitada recientemente por la Universidad de San Francisco, en California, para hablar de su experiencia en la Casa do Zezinho en Capão Redondo.

Agente de cambio

La Casa do Zezinho se levanta en una estructura de 3.200 m² por donde pasan diariamente 1.500 alumnos de 6 a 21 años.

Cuando la Tía Dag comenzó a trabajar en Capão Redondo, hace 17 años, sólo contaba con 20 m² para atender a 12 niños.

El trabajo de la ONG en el vecindario, donde habitualmente ocurrían 17 robos por día, terminó aumentando el precio de los bienes inmuebles en la región, explicó la Tía Dag.

Rosália da Silva Santos, un ama de casa que vive en el vecindario desde hace 30 años, ha visto las mejoras de primera mano.

Desde 2007, su hija Samara, de 10 años, es una zezinha. El mes pasado, Rosália inscribió a su hijo Mateus, de 6 años, en la ONG.

Rosália también se beneficia directamente del trabajo de la ONG. Desde mayo, tiene acceso a una bibilioteca con mil libros, inauguarada en una favela local con el apoyo de la Casa do Zezinho y del famoso arquitecto Marcelo Rosenbaum.

Las hermanas Jennifer y Jenyssis Chaves, de 17 y 15 años, respectivamente, frecuentan la ONG de lunes a sábado desde 2002. En la Casa do Zezinho participan de actividades como coro, capoeira, computación, percusión, orquesta y talleres de periodismo.

Apoyo fundamental

La Casa do Zezinho recibe una quinta parte de su presupuesto anual de R$ 4 millones (US$ 2,5 millones) de los gobiernos municipales, estatales y federales, y el resto es suministrado por unos 200 asociados y más de 50 socios del sector privado.

Y la ayuda de las empresas no se limita al dinero.

“La gente tiene que hacer que el director de la empresa atraviese el puente", señaló la Tía Dag. “Él viene aquí y brinda una charla, para ilustrar hasta dónde puede llegar una persona."

Y los zezinhos también experimentan la vida en estas empresas.

Société Générale, empresa asociada desde 2008, habrá donado la suma de R$ 400.000 (US$ 253.250) a la ONG para fines de año. Además, ofrece 15 puestos al año a los zezinhos en el programa de pasantías de la empresa. El banco ofrece 200 voluntarios a la ONG.

“Lo que más tenemos son voluntarios (aproximadamente 60) para dar charlas sobre empleabilidad, ya que es nuestro foco principal", explicó Celso Estrella, gerente de proyectos del Instituto Société Générale.

“Las iniciativas como la de Casa do Zezinho son sumamente importantes para el desarrollo humano local", dijo Daryalva Bacellar, gerente de responsabilidad social de Pão de Açúcar.

Aún con semejantes socios activos, la Tía Dag no descansa.

Continúa buscando más apoyo.

Sabe que existen muchos otros Claudios, Jennifers, Michaels y Carolines que necesitan ayuda para cruzar el puente que separa la vulnerabilidad social y el mundo de las oportunidades.

“Tengo algo que nadie más en el mundo tiene: recibo más de mil besos por día", concluyó.

Para obtener más información

Vea el documental de 2006 “A Ponte” (El Puente), de João Wainer y Roberto T. Oliveira.

¿Le gusta este artículo?

0

Añadir su comentario

Encuesta
¿Considera al crimen organizado una amenaza a la estabilidad de su país?
Ver resultados