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2010-01-28

Brasil lucha contra el crack

Por Danielle Melo para Infosurhoy.com—28/01/2010

Una campaña nacional sin precedentes se concentra en los riesgos de la adicción

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El consumo creciente del crack por los brasileros, que con frecuencia se vende en paquetes como los que se ven aquí incautados por la policía, ha resultado en un fuerte problema que se va haciendo cada vez mayor. (Antonio Scorza/AFP/Getty Images)

El consumo creciente del crack por los brasileros, que con frecuencia se vende en paquetes como los que se ven aquí incautados por la policía, ha resultado en un fuerte problema que se va haciendo cada vez mayor. (Antonio Scorza/AFP/Getty Images)

RIO DE JANEIRO, Brasil – El número creciente de adictos al crack que buscan tratamiento en el Brasil se ha convertido en algo mucho mayor que una amenaza a la seguridad nacional: se ha vuelto una crisis de salud.

En una serie de dos partes, Infosurhoy.com examinará de fondo la epidemia de crack que azota al Brasil, y lo que es más importante, lo que hace la superpotencia latinoamericana por ganar la guerra contra el crack en un país que no tiene idea cuántos adictos circulan por sus calles.

Brasil intenta tomar acción contra el crack, una forma sólida de la cocaína que se fuma.

Durante más de un mes, el Ministerio de Salud ha encabezado una campaña sin precedentes en la historia del país contra de los narcóticos, en lo que ha difundido información contra el uso del crack mediante publicidad en los periódicos, la televisión y programas de radio, además de difundir el mensaje en películas y por la Internet.

Es un lema sencillo: “Nunca pruebes el crack. Es adictivo y mata”.

El miedo es verdadero: más del 50% de los que reciben tratamiento por drogadicción en el Brasil son adictos al crack, según un sondeo que coordinó el Centro de Investigaciones en Alcohol y Drogas de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS).

El Ministerio de Salud también está ampliando su red de Centros de Atención Psícosocial (CAP), que ofrece ayuda gratuita a personas que padecen de trastornos mentales y drogadicción.

Se destinará un total de R$215 millones (US$118.7 millones) a la red para fines del 2010, incluyendo inversiones en la capacitación de personal.

Hoy existen 1.467 CAP en Brasil, pero sólo 223 se dedican específicamente al tratamiento de drogadictos. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que un país debe contar con un centro por cada 100.000 ciudadanos. Los CAP de Brasil cubren el 60% de su población, de unos 189,6 millones. Para poder cumplir con la recomendación de la OMS, Brasil tendría que tener unos 2.000 CAP.

En estos centros los consumidores consultan con psicólogos o con psiquiátras y participan en la terapia ocupacional, además de recibir asistencia las familias.

“Después del alcohol, el crack es la droga que lleva a más personas a los CAP. Inicialmente la droga se limitaba a São Paulo”, le dijo Pedro Gabriel Delgado, coordinador de Salud Mental del Ministerio de Salud, al periódico Correio Braziliense. “En los últimos cinco años se ha extendido a los centros urbanos en todas las regiones".

Si necesitan ser hospitalizados, los adictos al crack van a los hospitales públicos. Hay 35.000 lechos de hospital para personas con trastornos mentales en el Brasil, de los cuales el 30% lo ocupan consumidores del crack, según cálculos del Ministerio. La hospitalización ocurre cuando existe la necesidad de desintoxicación y no suele durar más de 15 días.

El tratamiento gratis que ofrece el Sistema Único de Salúd (SUS), nombre del sistema de salud pública en Brasil, se ha extendido a los drogadictos desde el 2003, primer año de la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva.

Desde entonces, el dinero destinado a los programas de salud mental se ha doblado y más, de los 619 millones de reales (342 millones de dólares) a fines del 2002 a 1.400 millones de reales (744 millones de dólares) en el 2009.

Además del Ministerio de Salud y la policía federal, otras instituciones han ayudado en la guerra contra el crack, como la policía rodoviária federal, la policía civil y el departamento de servicios sociales. La articulación de estas políticas es responsabilidad de la secretaría nacional anti-droga, la cual se reporta al gabinete de seguridad institucional de la presidencia.

Pero el problema es éste: Las cifras más recientes de Brasil referentes al número de adictos al crack se recogieron en el 2005, cuando el gobierno calculó que eran 380.000.

Los datos sobre la incautación de drogas tampoco reflejan la realidad, por las irregularidades que ocurren. Según la policía federal, se incautaron 319 kilos de crack en el país en el 2005. El año siguiente, la cifra se redujo a 145 kilos. En el 2007, subió a 578 kilos, para de nuevo caer en el 2008 a 373 kilos. El año pasado, se incautaron unos 513 kilos.

Sin embargo, hasta estos números engañan. La cocaína se transforma en crack al aplicarle sustancias químicas que solidifican el polvo, dándole forma de piedra, y que se puede fumar. Muchas veces la cocaína incautada no se ha convertido aún en crack, por ende, cuando la policía brasilera confiscó 18.851 kilos de cocaína en el 2009, no se podía clasificar como crack, ya que la droga continuaba en forma de polvo.

Según la policía federal, el volumen incautado varía mucho por lo que se dirigen a los traficantes, y no a los consumidores. El objetivo es de detener los cargamentos que llegan de otros países -- en particular de Colombia, Bolivia, Perú y Paraguay. La policía federal firmó acuerdos con Bolivia, Paraguay y el Perú el año pasado en los que indican que los países colaborarán en la guerra contra las drogas.

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