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2012-10-03

Ciudad de México ofrece paseos en bicicleta para ciegos

Por Elisa Martins para Infosurhoy.com – 03/10/2012

Programa fomenta la inclusión social de los invidentes mediante paseos en bicicletas dobles, visitas a museos y talleres de sensibilización.

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La voluntaria Maggie Roberts  (izquierda) y Palmira Martínez posan junto a una bicicleta del programa Paseo a Ciegas en Paseo de la Reforma, una amplia avenida de Ciudad de México. (Eliel Ortiz para Infosurhoy.com)

La voluntaria Maggie Roberts (izquierda) y Palmira Martínez posan junto a una bicicleta del programa Paseo a Ciegas en Paseo de la Reforma, una amplia avenida de Ciudad de México. (Eliel Ortiz para Infosurhoy.com)

CIUDAD DE MÉXICO – Andar en bicicleta con la brisa acariciando su rostro siempre le da a Palmira Martínez una sensación de libertad.

Esta sensación compensa el viaje de dos horas en metro desde su casa hasta Paseo de la Reforma, una avenida de Ciudad de México. Esta avenida es el punto de encuentro para el programa Paseo a Ciegas, una iniciativa pensada para personas con impedimentos visuales, como Palmira.

Todos los domingos la concurrida avenida queda cerrada al tránsito de vehículos motorizados, lo que permite la libre circulación de peatones y ciclistas, entre ellos los participantes del programa en sus bicicletas dobles.

Un voluntario guía el recorrido en el primer asiento de la bicicleta. En el asiento trasero, una persona invidente disfruta del paseo mientras hace ejercicio. Después de más de una hora, el dúo regresa al punto de encuentro para que otros puedan dar una vuelta también.

"Nunca había andado en bicicleta. Un amigo me contó sobre el programa y me gustó tanto que ahora vengo siempre", dice Palmira, de 39 años. "Las primeras veces tenía miedo de perder el equilibrio, pero el hecho de tener a alguien que vaya adelante me hace sentir segura".

Además de dar a los participantes la oportunidad de experimentar algo nuevo durante una actividad física, el programa permite el encuentro de los habitantes de la congestionada capital mexicana.

Ciega de nacimiento, Palmira no solamente participa en los paseos en bicicleta, sino que también lo hace en carreras y sale con un grupo a tomar fotografías.

"Paseo a Ciegas genera un vínculo y demuestra que podemos derribar barreras", dice. "Espero que se implementen más programas como éste, ya que ayudan a educar a la sociedad sobre las personas con discapacidades".

Desde su creación, en enero de 2010, el programa Paseo a Ciegas no ha parado de crecer. Fruto de la cooperación entre tres asociaciones mexicanas (Contacto Braille, Bicitekas y Muévete Por Tu Ciudad), la iniciativa fue aprobada por el Departamento de Ambiente de Ciudad de México, que además de ayudar a promocionarlo, reservó el espacio para el grupo en la avenida Paseo de la Reforma.

"El programa ha crecido de forma exponencial, y ha dejado de ser sólo para salir a andar en bicicleta los domingos.También ofrecemos paseos nocturnos, visitas a museos, audiotours de Fonoteca y talleres de sensibilización social", dice Manuel de la Torre, director de Paseo a Ciegas. "Existen muchas otras actividades con el mismo objetivo: amor, respeto e inclusión a las personas con discapacidades en los espacios públicos".

El programa cuenta con once bicicletas dobles, un triciclo de adultos para personas con discapacidades motoras y 300 voluntarios que colaboran con los paseos en bicicleta desde las nueve de la mañana hasta la una de la tarde, así como con los talleres de sensibilización social y otras actividades.

Paseo a Ciegas también funciona en otras ciudades mexicanas, como Puebla, Oaxaca, Guadalajara y Monterrey. El próximo desafío es llevar la idea a otros países latinoamericanos.

"El programa tiene el potencial necesario para aplicarse de forma exitosa en otros lugares. Por ejemplo, queremos llevarlo a São Paulo, Brasil, donde tenemos contactos con otras iniciativas, tales como un proyecto de musicografía con partituras en Braille”, dice Miguel Cruz, coordinador de logística de Paseo a Ciegas.

A pesar de que todavía no hay recursos suficientes para crear talleres fuera de México, el deseo está allí. Para mantener las bicicletas, que cuestan $4.500 pesos (US$350) por unidad, los encargados del programa organizan sorteos, carreras y fiestas, y venden camisetas y gorros con el logotipo del programa en un puesto ambulante en el espacio que ocupan los domingos.

Maggie Roberts, que nació en Gran Bretaña pero vive en Ciudad de México, sintió curiosidad cuando vio a personas usando las camisetas de Paseo a Ciegas. Solicitó más información, asistió a los talleres de sensibilización social y durante los últimos dieciocho meses ha sido una de las voluntarias más dedicadas al programa.

"Es interesante compartir esta experiencia con personas que no podrían vivirla por sí mismas", dice. "Conversamos durante todo el paseo, y a veces escuchamos música. Somos sus amigos, no solamente guías de bicicleta. Aprendemos muchísimo, hasta sobre nosotros mismos".

Talleres a ciegas

Los talleres de sensibilización social se ofrecen todos los meses a personas que no sufren de discapacidades visuales y que desean experimentar cómo es la vida de un ciego. Los participantes pasan cuatro horas con los ojos vendados mientras realizan varias actividades, como aprender a distinguir comidas, salir en un paseo en bicicleta guiado y jugar al fútbol con una pelota que tiene un sonajero.

Para las personas que pueden ver, es muy incómodo ponerse en el lugar de un ciego, aunque sea por sólo unas horas. No todos quieren ser voluntarios al final del taller, pero al menos los participantes llegan a comprender mejor los desafíos que deben superar las personas con discapacidades visuales.

María Dolores Meza, de 46 años, es una participante muy representativa de Paseo a Ciegas. Tiene un título universitario en enfermería y perdió la visión hace un año debido a una enfermedad que heredó de su padre, quien también quedó ciego. Durante los pasados cinco meses, "Lolita", como ella prefiere que la llamen, ha participado en los paseos de bicicleta de los domingos. Realiza al menos tres paseos con diferentes voluntarios.

"No voy para quedarme parada", dice Lolita, quien enseña Braille, ayuda a otros que se han quedado ciegos siendo adultos y pronto se graduará como masajista. "No dejo que nadie me llame 'pobre muchacha ciega', y no me rindo fácilmente. Me gusta ser positiva e irradiar buena energía".

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